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¿Hay una explicación científica del aura?

La semana pasada leía  que un grupo de investigación español, de la Universidad de Granada, había demostrado científicamente por qué algunos “curanderos” son capaces de ver el “aura” de las personas. La noticia apareció en distintos periódicos y blogs nacionales y extranjeros. Todos daban prácticamente la misma información, que procedía de un artículo científico publicado en una revista con revisión por pares, y decían que los curanderos sufrían de sinestesia. Me costaba creer que un grupo de personas a las que yo tengo por estafadores, que se aprovechan de la desesperación de otras personas para hacerles creer que tienen poderes y pueden ayudarles, eran en el fondo unos pobres enfermos, así que me puse a investigar un poco sobre el tema.

(Fuente: UGR)

Según los creyentes en el aura, ésta es un sutil campo de energía alrededor de una persona o de un objeto, y supuestamente refleja la energía vital que permea todas las cosas. En el caso de los seres humanos, el aura tendría 7 capas que emanan de los 7 chakras. Estas capas, siempre según los seguidores de estas magufadas, tienen distintos colores que se corresponden con el carácter de la persona, su estado de ánimo y su condición física. Por supuesto, la existencia de esta energía o de los chakras de donde emana no ha sido demostrada científicamente, ya que las sofisticadas máquinas empleadas en los laboratorios son incapaces de detectarla. El aura es detectada por gente que afirma tener poderes psíquicos o por gente que se ha entrenado para desarrollar la capacidad de leer el aura. También se puede usar la fotografía Kirlian para ver el aura, según los timadores que la emplean. La realidad es que la fotografía Kirlian detecta la humedad de los objetos, simplemente.

¿Dónde está el negocio en ver el aura de una persona y saber su estado de ánimo o su estado físico? Pues resulta que el aura se puede manipular, mediante la auraterapia. Las formas de manipular el aura son diversas, entre ellas se encuentran el “toque terapéutico”, el uso de cristales, líquidos de colores, etc… Esta pseudoterapia es desde luego inefectiva y además es peligrosa ya que puede hacer creer a la gente que la medicina no sirve y deben abandonarla para lanzarse a los brazos de estos “sanadores”.

La noticia a la que me refería en el primer párrafo, apareció en la sección de Ciencia del periódico ABC con el siguiente titular: “Científicos españoles explican por primera vez el fenómeno del aura de las personas”. Los primeros párrafos de la noticia dicen:

Investigadores españoles de la Universidad de Granada han descubierto la capacidad de ver el aura de las personas es un fenómeno neuropsicológico denominado sinestesia. Los sinéstetas «mezclan los cinco sentidos, al tener más interconectadas las áreas del cerebro encargadas de procesar cada uno de los estímulos, de forma que son capaces de ver o paladear un sonido, según explica la nota de presa de la universidad española.

De este modo, conocidos popularmente como «curanderos» o «santones», presentan en realidad esta capacidad, que explicaría científicamente esta supuesta «virtud»

Así vería alguien con sinestesia grafema-color algunas letras y números (Fuente: Wikicommons)

Parece entonces, según esta noticia, que algunos de estos santones no son unos timadores que engañan a la gente fingiendo sus poderes, sino que en realidad ven los colores debido a que sufren de sinestesia. La sinestesia es una condición neurológica en la que la estimulación de un sentido o de una vía cognitiva causa la estimulación involuntaria de  una segunda vía sensorial o cognitiva. La sinestesia más común es la denominada grafema-color, en la que los individuos ven las letras y los números asociados a un color. Existe un tipo de sinestesia en el que los pacientes experimentan colores cuando ven figuras o caras de otras personas. Los autores del estudio se plantearon que quizá era esto lo que le ocurría a los santeros que afirman que pueden ver el aura.

En el estudio, los autores comparan las impresiones subjetivas de 4 individuos con esta sinestesia color-persona (sinéstetas) con las descripciones del fenómeno áurico que aparecen en la literatura esotérica y parapsicológica, y concluyen que:

we found a number of notable discrepancies, suggesting that the two phenomena are not alike.

[encontramos un número notable de discrepancias, lo que sugiere que los dos fenómenos no son similares]

Algunas de las diferencias indicadas en el artículo son:

  • Distintos sinéstetas ven colores diferentes en la misma persona. Sin embargo, los lectores del aura suelen coincidir en el color del aura en una misma persona.
  • La sinestesia puede ser inducida en los sinéstetas por una fotografía. El aura, sin embargo, no puede ser capturada en una fotografía segun los videntes.
  • Los sinéstetas ven un solo color por persona, mientras que los que leen el aura afirman que tiene 7 capas con 7 colores distintos.
  • La sinestesia suele ser congénita mientras que la lectura del aura se puede aprender con el entrenamiento apropiado (que hay que pagar al entrenador, claro está)
  • La sinestesia se activa automáticamente de forma inconsciente, mientras que la lectura del aura es un acto consciente.

Como se ve, no hay una explicación científica del fenómeno del aura, ya que los curanderos no tienen sinestesia. Entonces, ¿de dónde se han sacado la noticia los reporteros del ABC y los distintos blogs? ¿Se la han inventado? ¿Por qué dicen justo lo contrario de lo que afirman los científicos?Lo que es seguro es que no se han leído el artículo. Lo más probable es que se hayan fiado del propio Gabinete de Comunicación de la Universidad de Granada, que en su sección de noticias de ciencia dice:

Demuestran científicamente por qué algunos curanderos son capaces de ver el ‘aura’ de las personas

Investigadores de la Universidad de Granada explican que, en realidad, presentan sinestesia, un fenómeno neuropsicológico que consiste en ‘mezclar’ los cinco sentidos

Así que es la propia Universidad la que ha generado el malentendido, comunicando los resultados opuestos a los publicados por uno de sus grupos de investigación. Espero desde este blog que solucionen el problema y que los medios que se han hecho eco de la noticia errónea la rectifiquen. Aunque igual eso es esperar demasiado, ¿no?

PD (11/05/2012, 12:56): Me informan desde la cuenta de twitter del Gabinete de Comunicación de la Universidad de Granada (@UGRdivulga) que la nota de prensa contó con el visto bueno de los investigadores. De ser cierto, los autores del estudio dicen en esta nota de prensa algo completamente distinto a lo que publican en el artículo.

Moisés García Arencibia

Referencias:
ResearchBlogging.orgMilán, E., Iborra, O., Hochel, M., Rodríguez Artacho, M., Delgado-Pastor, L., Salazar, E., & González-Hernández, A. (2012). Auras in mysticism and synaesthesia: A comparison Consciousness and Cognition, 21 (1), 258-268 DOI: 10.1016/j.concog.2011.11.010

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Oxitocina, ¿la nueva Viagra?

Hace un par de semanas leí en diferentes periódicos y blogs que la “hormona de los mimosos”  podía ser la nueva Viagra. Para afirmar esto, se basaban en un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine, que  hablaba de la oxitocina. Mi sentido escéptico se puso en alerta y me hizo preguntarme ¿qué hay de cierto en estas noticias?

Oxitocina

La oxitocina es una hormona con un papel muy importante en la reproducción. Los primeros estudios sobre este polipéptido caracterizaron su actividad periférica, mostrando que se libera en grandes cantidades durante el parto, facilitando el nacimiento, y también al estimular los pezones durante la lactancia. Estudios recientes señalan que podría liberarse también tras el orgasmo tanto en hombres como en mujeres.

Existe un creciente interés por el papel que la oxitocina puede tener en el cerebro. La oxitocina juega un rol importante en los mamíferos en el control de la sociabilidad, y es importante en el control del apego, la exploración social, el reconocimiento de otros individuos, la agresión, la ansiedad y el miedo. Por su importancia para las relaciones sociales, los medios de comunicación la suelen llamar “la hormona del amor”, “la hormona de los mimosos” y otras lindezas del estilo. Por supuesto, en ningún artículo científico se le denomina así.

En los últimos años, se han realizado numerosos estudios sobre el papel de la oxitocina en las interacciones sociales humanas, sobre los mecanismos genéticos de variabilidad de la señal de esta hormona entre los individuos y sobre su acción en el cerebro mediante estudios de neuroimagen. Cada vez existen más evidencias de que el sistema de señalización de la oxitocina no funciona adecuadamente en algunos trastornos mentales asociados a déficits sociales, como el autismo, el trastorno social de ansiedad, el trastorno límite de la personalidad o la esquizofrenia. Se están llevando a cabo distintos ensayos administrando oxitocina mediante sprays nasales, que permiten que llegue al cerebro de forma no invasiva.

Una vez terminada esta breve introducción sobre la oxitocina, vamos a analizar la noticia de El Confidencial, “La hormona de los mimosos” podría ser la nueva Viagra, que afirma:

Un equipo de científicos de la Universidad de California ha revelado que su efecto en los hombres es más poderoso de lo que se creía y podría, incluso, promover el estado de excitación sexual. Si el estudio llega a buen puerto, la Viagra dejaría de ser el único remedio conocido contra la disfunción eréctil.

Ya de entrada, y antes de analizar la parte científica de la noticia, el artículo presenta un par de errores graves que dan una muestra de la poca atención que prestaron al escribirlo:

  • La noticia insiste en que el estudio se realizó en varios hombres. Dice que “La investigación, publicada en el Journal of Sexual Medicine, se centró en el comportamiento de hombres casados”, que “mostraron un incremento en su afectividad, respecto a amigos y compañeros de trabajo, y una importante mejoría en su desempeño sexual” y que los resultados “no sólo fueron percibidos por los hombres participantes en la investigación, también los notaron sus mujeres”. La realidad es que el artículo científico no describe un ensayo a gran escala, sino que habla de un solo caso.
  • La noticia dice también que “El doctor Mike Wyllie, participante en el estudio, ha explicado al diario británico The Independent, que este hallazgo podría ayudar a encontrar un fármaco alternativo a la Viagra”. El Dr Wyllie no participó en el estudio sobre la oxitocina, ya que no es uno de los autores del mismo, ni el paciente, ni se le menciona por ninguna parte. Este doctor participó en el desarrollo de la Viagra.

Pensé que, a lo mejor, en El Confidencial estaban comentando un artículo distinto del que yo pensaba, hasta que encontré una noticia en el Daily Mail publicada 6 días antes que era prácticamente igual, aunque sin los errores antes señalados.

Aparte de los errores de la noticia periodística, ¿es realmente la oxitocina una alternativa a la Viagra? Como he indicado antes, el estudio describe el caso de una sola persona. A este hombre se le estaba administrando oxitocina para tratar sus problemas de relación y de fobia social, y  mostró un aumento de la libido, de la función eréctil y de la satisfacción en el orgasmo. De ahí a decir que la oxitocina es la nueva Viagra va un mundo. Para ello habría que diseñar nuevos ensayos que tuvieran en cuenta, además de aumentar el número de sujetos en el estudio, lo siguiente:

  • El caso descrito es el de un paciente sin disfunción eréctil, que es para lo que se usa la Viagra, sino con fobia social. No se sabe qué pasará en pacientes sin fobia social.
  • No hay grupo control con el que comparar el efecto de la oxitocina y descartar que se deba al efecto placebo.
  • Tampoco se comparan sus efectos con el de un grupo que tome Viagra para ver si es más efectiva o no.
  • Habría que estudiar si la administración nasal de oxitocina es segura o tiene efectos secundarios a largo plazo.

Así pues, no hay que hacer caso del sensacionalismo periodístico y hay que tomar con reservas el artículo científico, conociendo sus limitaciones. Y lo más importante, no hay que ponerle nombres ridículos a las hormonas, que oxitocina es mucho mejor que “hormona de los mimosos”.

Moisés García Arencibia

Nota: Esta entrada participa en la XV Edición del Carnaval de Química que este mes se alberga en “El cuaderno de Calpurnia Tate”, el blog de Luis Moreno (@luisccqq) y en la XIII Edición del Carnaval de Biología que se celebra en el gran Blog Caja de Ciencia de Marisa Alonso ( @lualnu10).

Referencias:

ResearchBlogging.org
MacDonald, K., & Feifel, D. (2012). Dramatic Improvement in Sexual Function Induced by Intranasal Oxytocin The Journal of Sexual Medicine, 9 (5), 1407-1410 DOI: 10.1111/j.1743-6109.2012.02703.x
ResearchBlogging.org
Meyer-Lindenberg, A., Domes, G., Kirsch, P., & Heinrichs, M. (2011). Oxytocin and vasopressin in the human brain: social neuropeptides for translational medicine Nature Reviews Neuroscience, 12 (9), 524-538 DOI: 10.1038/nrn3044

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¿Son los futbolistas de élite más listos que la población general?

Para empezar diré que no tengo nada en contra del fútbol. Me gusta jugarlo y me gusta ver algunos partidos, sobre todo en buena compañía. Tampoco me molesta que una empresa (como un equipo de fútbol) le pague una cantidad enorme de dinero a alguien, porque si lo hace se supone que es porque sacará unos beneficios que compensan esos gastos. Lo que sí me molesta es que esas empresas puedan deberle más de 750 millones al Estado por no pagarle a Hacienda mientras que se hacen recortes en Ciencia, Educación o Sanidad. O que en las noticias, la sección de Deportes (fútbol principalmente) ocupe más que el resto de secciones juntas, y que se hable de Ciencia de tarde en tarde. Pero la gota que colmó el vaso fue cuando leí hace unos días en distintos medios una noticia que decía que los futbolistas son más inteligentes que el resto de la población, según un estudio científico.

Los titulares que más me han llamado la atención al respecto de la noticia son los siguientes:

“Elite Soccer Players Are Smarter Than You Are” (Wired) [“Los futbolistas de élite son más listos de lo que tú eres”]

“Footballers in top two per cent of brain power ” (Mail Online) [“Los futbolistas entre el 2% de quienes tienen más poder cerebral”]

“Top Soccer Players Are Seen to Have Superior Brain Function” (New York Times) [Los mejores futbolistas tienen un funcionamiento cerebral superior”]

Al leer los titulares, uno podría pensar cuántos genios se pierden pegando patadas a un balón en lugar de estar empleando toda esta inteligencia en otras cosas. Otros podrían pensar que demuestran lo inteligentes que son por llevarse toda esa pasta por jugar a lo que les gusta, y trabajar un par de horitas al día en los entrenamientos. La verdad es que cuando uno ve el comportamiento de algunos futbolistas, sus palabras en las ruedas de prensa, las declaraciones tras los partidos (“Hemos perdido porque no hemos ganado”), o las frases de los ex-futbolistas cuando se convierten en comentaristas deportivos (“Si va dentro es gol”), uno piensa inmediatamente en todo lo contrario.

Decidí ir a la  fuente de la noticia, al artículo científico, a ver qué decía. Para empezar, el título no tenía mucho que ver con los titulares anteriores. El artículo, publicado en PLoS ONE, se titula “Executive Functions Predict the Success of Top-Soccer Players” [“Las funciones ejecutivas predicen el éxito de los mejores jugadores de fútbol“].  ¿De dónde se sacan lo de que los futbolistas son más inteligentes? Los artículos han medido las funciones ejecutivas en futbolistas suecos de Primera División y de divisiones inferiores. Estas funciones ejecutivas se refieren, según el artículo, a los procesos cognitivos que regulan el pensamiento y la acción, especialmente en procesos no rutinarios. Estos procesos incluyen la resolución de problemas, la planificación, la secuenciación, la atención selectiva y sostenida, la multitarea, la flexibilidad cognitiva y la capacidad de lidiar con la novedad. ¿Es esto lo mismo que inteligencia? Según la Revista de Neurología (REV NEUROL 2010;50:738-746) “inteligencia y funciones ejecutivas se superponen en algunos aspectos, pero en otros no“, así que no son términos intercambiables.

Queda claro que el artículo dice que los futbolistas  son mejores en las funciones ejecutivas y que lo de que son más inteligentes ha sido una creación de los periodistas. La verdad es que no es de extrañar que los futbolistas de élite sean buenos en estas funciones ejecutivas, ya que tienen que tener visión espacial, adaptarse a condiciones que cambian rápidamente durante un partido, cambiar de estrategia, y no solo pegarle patadas a un balón. El estudio muestra además que los futbolistas de Primera División son mejores en los tests que miden estas funciones ejecutivas  que los de las divisiones inferiores.

Una crítica que ya se le ha hecho al artículo es que se sabe que las capacidades cognitivas se correlacionan con la capacidad aeróbica (ya saben, “mens sana in corpore sano“) así que puede que los mejores resultados obtenidos por los deportistas de élite se deba a su mejor forma física. Además, el estudio se ha hecho con personas que llevan años dedicadas al fútbol, por lo que no queda claro si llegaron a donde están debido a unas mejores funciones ejecutivas, o estas se han desarrollado tras años de entrenamiento.

Lo más interesante del artículo bajo mi punto de vista, y que es lo que refleja el título, es que los autores hicieron un seguimiento de los futbolistas que formaron parte del estudio y vieron que aquellos que obtenían mejores resultados en los tests tenían más éxito después de dos años. Esto podría ser ayudar a la hora de apostar por un futbolista joven.

Espero que haya quedado claro que los futbolistas no son más inteligentes que la media de la población, sino que son mejores en las tareas que les son útiles en el desarrollo de su profesión. Por cierto, el principal test empleado en el estudio no medía las capacidades verbales, probablemente porque en Suecia los futbolistas sueltan las mismas perlas que los de la Liga española.

Moisés García Arencibia

Referencias:

ResearchBlogging.org

Vestberg T, Gustafson R, Maurex L, Ingvar M, & Petrovic P (2012). Executive functions predict the success of top-soccer players. PloS one, 7 (4) PMID: 22496850

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Síndrome de Rett: raro pero no tan desconocido

En los últimos 40 días se han celebrado el día mundial de las enfermedades raras (29 de febrero) y el día mundial del autismo (2 de abril). Hoy quiero hablar de una enfermedad rara (en la Unión Europea se considera enfermedad rara a la que afecta a menos de 1 de cada 2000 personas) que se incluye dentro de los Trastornos del Espectro Autista, según la definición del DSM-IV: el síndrome de Rett.

El síndrome de Rett fue descrito por primera vez en 1966 por el pediatra austríaco Andreas Rett. Es un trastorno del desarrollo neurológico que afecta casi exclusivamente a mujeres, con una incidencia de 1 de cada 10000 niñas nacidas. Estas niñas tienen un desarrollo psicomotor aparentemente normal durante los primeros 6 meses de vida, y posteriormente comienzan una regresión, perdiendo habilidades manuales y del habla. Las afectadas desarrollan estereotipias manuales (repeticiones involuntarias e intempestivas), características autísticas y problemas de movilidad. Pueden aparecer otras complicaciones clínicas como ansiedad, convulsiones, problemas de crecimiento, dificultades para dormir, y disfunción autonómica. Finalmente, aparece una etapa de deterioro motor, caracterizada por escoliosis, distonías, rigidez y deterioro de la capacidad de caminar. El cerebro de los pacientes tiene un peso menor, y algunas áreas son desproporcionadamente más pequeñas. Las neuronas de estos pacientes son también más pequeñas, con menor complejidad dendrítica. Sin embargo, no se aprecia atrofia o degeneración, lo que refuerza la idea de que es una enfermedad postnatal del desarrollo y no un trastorno neurodegenerativo.

El 95% de los casos de Rett están causados por mutaciones en el gen MECP2, que se encuentra en el brazo largo del cromosoma X (Xq28). Este gen codifica la proteína Mecp2 (methyl CpG–binding protein 2), un factor de transcripción que regula la expresión de ciertos genes. La proteína se expresa en todos los tejidos, aunque tiene una expresión abundante en el sistema nervioso central (SNC). Se ha visto en modelos animales que no solo las mutaciones en la proteína pueden causar la enfermedad, sino también la pérdida de expresión, la expresión de niveles bajos o la sobreexpresión. Así pues, es muy importante no solo que la proteína funcione correctamente sino que además se encuentre en los niveles adecuados. Esto es lo que han demostrado en un artículo recientemente publicado en Nature Neuroscience. Los autores han visto como un modelo de ratón de síndrome de Rett, que portaba la mutación más común de MECP2, tenía no solo una pérdida de función de la proteína Mecp2 sino también niveles más bajos de la misma. Además comprobaron que en células de una paciente con la misma mutación también había niveles más bajos de Mecp2 que en controles sanos de la misma edad. En el artículo los autores establecen una relación entre los niveles de expresión de Mecp2 en distintos modelos animales y la gravedad de los síntomas que estos muestran, que se puede ver en la siguiente figura:

Relación entre la gravedad de los síntomas y los niveles de expresión de la proteína Mecp2.

Como se ve, el uso de modelos animales ha sido de gran ayuda para avanzar en el conocimiento de la enfermedad. En ratones donde se eliminó la expresión de Mecp2 en el cerebro se observaron los mismos síntomas que en ratones donde la expresión se había eliminado en todo el cuerpo, resaltando así la importancia del  SNC en la patología de la enfermedad. Además, cuando se restauraba la expresión de Mecp2 en las neuronas de estos animales, se mejoraban los síntomas de la enfermedad, indicando que las neuronas eran las células que se veían preferentemente afectadas. Sin embargo, recientemente se ha visto que la glía podría tener importancia en el síndrome de Rett. Las células de la glia (astrocitos, microglía) son células del sistema nervioso tradicionalmente relacionadas con funciones de soporte de las neuronas.

En un artículo publicado recientemente en Nature, los autores han visto la importancia de la microglía en un modelo de ratón de síndrome de Rett, que no expresaba Mecp2. En el artículo, se sustituyeron las células de microglía en el cerebro de los ratones enfermos, transplantando médula ósea de ratones sanos a ratones sin Mecp2 previamente irradiados. Los resultados mostraron que los ratones transplantados vivían más, aumentaban su peso corporal (ver figura) y el peso del cerebro, y mejoraban los síntomas de la enfermedad. Cuando se irradiaba el cuerpo pero no el cerebro, impidiendo la eliminación de la microglía original sin Mecp2, se eliminaba este efecto.

Ratones que no expresan Mecp2, antes y después del transplante de médula, comparados con los ratones control.

Como se ve, poco a poco se van conociendo más cosas de la enfermedad y se van ensayando posibles tratamientos en modelos animales. Todavía es pronto para lanzar las campanas al vuelo, muchos de los tratamientos que funcionan en modelos animales nunca llegan a probarse en humanos, o no funcionarán, y aún así tienen que pasar varios años para que una terapia pase del laboratorio a la clínica. Aún así, es esperanzador ver como raro ya no significa tanto “desconocido” como simplemente “poco común“, al menos en el síndrome de Rett.

Moisés García Arencibia

Referencias:
ResearchBlogging.org Goffin, D., Allen, M., Zhang, L., Amorim, M., Wang, I., Reyes, A., Mercado-Berton, A., Ong, C., Cohen, S., Hu, L., Blendy, J., Carlson, G., Siegel, S., Greenberg, M., & Zhou, Z. (2011). Rett syndrome mutation MeCP2 T158A disrupts DNA binding, protein stability and ERP responses Nature Neuroscience, 15 (2), 274-283 DOI: 10.1038/nn.2997

ResearchBlogging.orgDerecki, N., Cronk, J., Lu, Z., Xu, E., Abbott, S., Guyenet, P., & Kipnis, J. (2012). Wild-type microglia arrest pathology in a mouse model of Rett syndrome Nature, 484 (7392), 105-109 DOI: 10.1038/nature10907

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¿Sirve de algo la meditación?

La semana pasada comentaba en un post un artículo que decía que meditar era bueno para el cerebro, pudiendo ser neuroprotector y mejorar la inteligencia, y llegué a la conclusión de que no era cierto que el artículo demostrara eso. Algunos de los comentarios al post decían que, al menos, la meditación era beneficiosa como medio de relajación. Además, hay gente que piensa que la meditación podría tener beneficios cardiovasculares, mejorar las capacidades cognitivas, o ser eficaz en el tratamiento de trastornos psiquiátricos, asma, artritis, o el dolor. ¿Qué hay de cierto en todo eso?

Antes de continuar, intentaré explicar qué es la meditación. En general, se le puede considerar una técnica o conjunto de técnicas de auto-regulación del cuerpo y la mente que persigue alcanzar un estado de reposo, atención, alerta, claridad, concentración… Existen distintos tipos de meditación, algunos de ellos ligados a determinadas religiones (budismo, hinduismo) con características específicas. Suele ser común en muchas formas de meditación el adoptar una postura cómoda, tener una respiración profunda, realizarla en un sitio tranquilo, etc. Quizá uno de los más famosos métodos de meditación sea la Meditación Transcendental©, creada por el Maharishi Mahesh Yogi. Este es un tipo de meditación que emplea los mantras, que los practicantes definen como sonidos que ayudan a la mente a viajar a un estado más relajado. Existe polémica en torno a este movimiento, pero eso no es el objeto de este post. El que quiera saber algo más puede mirar la entrada de Transcendental Meditation® en el Skeptic Dictionary (aquí).

La mayoría de las distintas corrientes de meditación inciden en que el principal beneficio es la reducción del estrés, lo que señalan como uno de los grandes males de las sociedades industrializadas. A mucha gente le sonará la imagen del monje budista con la sonrisa de oreja a oreja, más feliz que una perdiz. Pero hay quien ha querido ver otros beneficios en la meditación, y existen numerosos estudios que tratan de demostrarlos. El principal problema con estos estudios es que son metodológicamente muy pobres (como señalan Ospina et al, J Altern Complement Med. 14:1199-213, 2008). En mi opinión, uno de los principales fallos en los ensayos clínicos es que no existe un grupo control adecuado. Así, cuando se realizan revisiones sistemáticas y meta-estudios de los artículos publicados, se ve lo siguiente:

  • Meditación Vipassana: es uno de los tipos de meditación más antiguo. Todos los estudios realizados hasta la fecha para ver si tiene algún efecto beneficioso son de una calidad muy pobre (Chiesa J Altern Complement Med. 16:37-46, 2010)
  • Qigong para el tratamiento del dolor: el qigong es un arte curativo que usa ejercicios del cuerpo y la mente para restaurar el flujo energético del chi. Evidentemente, esta magufada no funciona para el tratamiento del dolor (y para nada más, seguro) (Lee et al. J Pain. 10:1121-1127, 2009).
  • Meditación para tratar la artritis reumatoide y la osteoartritis: Ernst y Pozadski califican los ensayos clínicos como muy pobres (Curr Pain Headache Rep. 15:431-437, 2011)
  • Meditación para tratar el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH): debido al bajo número de estudios, los pocos sujetos en los mismos y el alto riesgo de sesgo en estos, no se puede concluir que sea efectiva (Krisanaprakornkit et al. Cochrane Database Syst Rev. CD006507, 2010)
  • Meditación para tratar el asma: no existen evidencias de que sea eficaz en el tratamiento del asma (Huntley et al., Thorax. 57:127-31, 2002)
  • Terapia cognitiva basada en la meditación para el tratamiento de trastornos psiquiátricos: los estudios son muy pobres, sin diseño aleatorizado, con tamaños muestrales pequeños, y sin grupo control apropiado (Chiesa y Serretti, Psychiatry Res. 187:441-53, 2011).
  • La Meditación Transcendental© mejora la función cognitiva y aumenta la inteligencia: no existen ensayos clínicos aleatorizados que apoyen esta afirmación (Canter y Ernst, Wien Klin Wochenschr. 115:758-66, 2003).
  • La Meditación Transcendental© disminuye la presión sanguínea: no existe ninguna evidencia a favor. Todos los ensayos clínicos realizados tienen fallos metodológicos y están potencialmente sesgados por la afiliación de los autores al movimiento de la Meditación Transcendental© (Canter y Ernst, J Hypertens. 22:2049-54, 2004).

Como pueden ver, todas las afirmaciones han sido convenientemente desmontadas. La afirmación de que con un alto grado de entrenamiento en Meditación Transcendental© se puede llegar a volar, creo que no hace falta ni tratar de desmontarla en un estudio científico.

Sin embargo, y a pesar de toda esta locura por intentar buscar beneficios de cualquier tipo, siempre nos quedará el efecto de una mayor relajación y paz interior que la meditación proporciona, ¿no? Recuerden a los monjes budistas…

Pues tampoco. Un ensayo clínico aleatorizado de 2007 (Jain et al., Ann Behav Med. 33:11-21) mostró que la meditación no es mejor que la simple relajación para reducir los niveles de estrés o mejorar el estado de ánimo. Un meta-estudio de 2009 (Krisanaprakornkit et al., Cochrane Database Syst Rev. CD004998) concluyó que la Meditación Transcendental© no es más efectiva que cualquier otra forma de relajación a la hora de reducir la ansiedad.

Así pues, parece que ni siquiera para relajarse hace falta estar recitando mantras. Yo personalmente, prefiero oir a Coltrane, por ejemplo:

NOTA: Esta entrada participa en la XI edición del Carnaval de Biología, organizado por el blog Ciencia y alguna otra cosa, que administra @Diplotaxis

 

Moisés García Arencibia

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¿Meditar es bueno para el cerebro?

La semana pasada leí una noticia de Muy Interesante con el siguiente titular: Meditar es bueno para el cerebro. En ella se decía:

Las personas que practican meditación durante muchos años refuerzan las conexiones de su cerebro y presentan una mayor cantidad de plegamientos en la corteza del mismo, según indica un estudio publicado en la revista Frontiers in Human Neuroscience. Estas características se relacionan con una mayor memoria y con la habilidad para procesar información y tomar decisiones.

Como soy un poco escéptico ante este tipo de titulares contundentes, decidí ir a la fuente original, a ver si allí decían lo mismo.

El título del artículo es “The unique brain anatomy of meditation practitioners: alterations in cortical gyrification” (“La anatomía única de los practicantes de la meditación: alteraciones en la girificación de la corteza”). Así de entrada no dice nada de las bondades de la meditación. Lo que sí dice el resumen del artículo es que aquellos que meditan tienen una mayor girificación de la corteza cerebral. ¿Y qué es eso de la girificación? Es el patrón de plegamiento de la capa más superficial del cerebro, el córtex, relacionado con los característicos giros y surcos. Según los autores, un aumento de la girificación significaría un aumento en la superficie cortical y podría estar relacionado con una mayor inteligencia y con una mayor neuroprotección. En realidad hablan del índice de girificación (IG) que, como se verá después, no es lo mismo.

Entonces, ¿todo bien no? Parece que demuestran que meditar sí es bueno para el cerebro, ¿no?. Pues no. El problema más grave de este estudio es el mismo del que hablaba en mi anterior post: la causalidad. El estudio dice que hay una correlación entre un mayor IG y el hecho de practicar la meditación, pero no dice que una cosa cause la otra. Por si esto no fuera ya suficiente, el artículo tiene, bajo mi punto de vista, otros fallos:

  • Existe un mayor IG en determinadas áreas del cerebro de los practicantes de la meditación, pero este índice también es menor en otras áreas, que los autores excluyen con la excusa de que cuando aplican unos índices de significación estadística más estrictos las diferencias desaparecen, como se puede ver en esta figura:

Luders et al.

¿Cuál es el problema entonces? Que los autores toman esta decisión a posteriori, intoduciendo un sesgo en el estudio. Si querían que la significación fuera p≤0.01 lo deberían haber decidido antes de realizar el estudio, y no una vez analizados los resultados. ¿Por qué no les parecen relevantes los descensos en el IG en quienes meditan?

  • El método empleado por los autores no es capaz de decir si un aumento del IG es debido a un aumento en la profundidad de los surcos, o en la altura de los giros, o a un aumento en la frecuencia de los mismos. Si es un aumento en la profundidad de los surcos entonces el efecto no es neuroprotector, sino todo lo contrario.
  • Los autores no tienen en cuenta otras covariables como el nivel educativo, coeficiente cociente intelectual, etc… Sólo tienen en cuenta la edad y el sexo de los sujetos en el estudio.
  • El artículo reconoce que hasta un 30% de las diferencias en la girificación son debidas a causas genéticas.
  • Los autores reconocen que el estudio es muy preliminar y que habría que realizar mejores ensayos para determinar si existe alguna relación causal entre la meditación, un aumento en la girificación y algún posible efecto beneficioso en el cerebro.

Creo que estas son razones suficientes como para no creerme la noticia que publicaba Muy Interesante.

Para terminar, y aunque este artículo no lo demuestre, ¿pensáis que la meditación sirve para algo? Yo tengo clara mi respuesta, pero la daré muy pronto en el siguiente post, que este ya me está quedando muy largo…

Moisés García Arencibia

NOTA: Esta entrada participa en la XI edición del Carnaval de Biología, organizado por el blog Ciencia y alguna otra cosa, que administra @Diplotaxis

ResearchBlogging.orgLuders E, Kurth F, Mayer EA, Toga AW, Narr KL, & Gaser C (2012). The unique brain anatomy of meditation practitioners: alterations in cortical gyrification. Frontiers in human neuroscience, 6 PMID: 22393318

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