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Volvemos en un par de días

La entrada que estaba a punto de terminar se ha visto interrumpida por los “cólicos del lactante” de Emma más una visita a Urgencias Pediátricas por el miedo provocado en unos padres primerizos por unos cristales de urato.

Ahora escribo estas líneas desde mi móvil (primera vez que escribo un post desde el móvil) en el Lactario del Hospital Materno Infantil. Espero poder terminar el post en un par de días. En él critico a una persona famosa que promociona magufadas y pseudociencia.

De momento, a seguir disfrutando.

 

Moisés García Arencibia

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Experiencia de un postdoc en el extranjero

Hace tiempo que quería escribir una entrada acerca de mi experiencia como investigador postdoctoral en el extranjero. Ilustres blogueros han contado ya sus experiencias y opiniones al respecto. Algunos no se han ido y han contado por qué piensan que no es necesario irse ([1] y [2]). Otros se fueron y comentan que no les ha ido todo lo bien que querían. Y también hay quien se niega a  irse aunque esa fuera la única opción de seguir investigando. En las siguientes líneas intentaré explicar cómo me fue a mí, dejando claro que cada caso es diferente y que lo que yo viví no debe ser tomado como un ejemplo “típico”.
Lo primero que debo decir es que lo mío no fue una fuga de cerebros. Yo no me vi empujado a salir de España para poder seguir trabajando como investigador. Yo podía haber seguido en el mismo laboratorio o, como muy lejos, en la misma facultad en donde hice la tesis doctoral. Sin embargo, decidí irme. Me marché para aprender cosas nuevas que completaran mi formación: nuevas formas de trabajar, nuevas técnicas de laboratorio, etc… Mi plan era irme a Londres, pero al laboratorio donde iba a ir le denegaron el proyecto que había pedido y con cuyo dinero iban a pagarme, así que tuve que buscar otro sitio al que ir. Y así descubrí que en Cambridge buscaban a alguien con un perfil similar al mío. Tras una entrevista telefónica y otra en persona, conseguí el puesto.

 

El grupo en el que estuve trabajando durante más de tres años es un grupo grande y con muchísimo dinero disponible para investigar. Está formado por más de 30 investigadores, la mayoría de ellos postdoctorales, de unas 20 nacionalidades distintas. Se trabaja con células, ratones, pez cebra y moscas. Desde el punto de vista científico fue una época muy buena. Aprendí nuevas técnicas y nuevas formas de trabajar, establecí muchos contactos, publiqué en las mejores revistas, etc…

Además, aproveché todo lo que pude el hecho de estar en la Universidad de Cambridge. Realicé todos los cursos de formación para la docencia que se ofertaban, y que eran gratuitos. Estuve dando clase de Neurobiología, lo que me hizo aprender muchísimo no solo acerca de cómo dar clase, sino de la propia materia, de la que solo conocía la pequeña parte que era tenía que ver con mi línea de investigación. Los alumnos eran muy buenos y estaban bastante motivados, lo que facilitaba mucho las cosas. Descubrí que, aunque sea sacrificado, es muy gratificante dar clase.

Llegando a la ciudad

Y por último, en lo personal también me fue muy bien. Mejoré mi nivel de inglés, hice nuevas y muy buenas amistades, descubrí la vida en los college gracias a que formé parte del Trinity Hall (incluyendo las cenas con capa a lo Harry Potter), y disfruté de la vida en una ciudad pequeña, pudiendo ir a todos lados en bicicleta y jugando al fútbol en los parques. Hasta tal punto me adapté a la vida inglesa que me hice un verdadero fan de la cerveza británica y ¡hasta jugué al cricket!

Bueno, tras este brevísimo resumen puede que os parezca que todo era de color de rosa en Cambridge, no solo para mí sino para otros de los investigadores españoles que están o estaban allí. Sin embargo, para la mayoría, hay un problema gravísimo: no es nada sencillo volver a España. Si el objetivo es volver a un puesto en la Universidad, la cosa se complica muchísimo, ya que las plazas, por mucho que se pregone la excelencia, no son realmente competitivas, sino que suelen ser para los que ya están en el departamento. Por otra parte, los recortes que los políticos españoles han dado al presupuesto para la investigación hace que cada vez haya menos ayudas para contratar investigadores, y menos dinero para proyectos de investigación.

Llegados a este punto, alguno puede estar preguntándose lo siguiente: si todo está tan mal aquí y todo estaba tan bien allí, ¿por qué te volviste? Bueno, me volví porque quería formar una familia aquí en España. Hay gente que ama la ciencia y que haría cualquier cosa por ella. Yo no. Yo quiero a la ciencia, pero amo a mi familia, así que si tengo que elegir entre una de las dos, lo tengo claro. Si no puedo trabajar como investigador, lo intentaré en otra cosa, esté relacionado con la ciencia o no. Eso sí, siempre me quedará este blog para poder dar rienda suelta a mis inquietudes científicas.

Moisés García Arencibia

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Un año de blog

Hoy se cumple un año desde que El Blog Falsable comenzó su andadura.  Como digo en la parte de la minibiografía que aparece en el blog, este nació para contar “las cosas que a mi me parecen interesantes y que creo que a más gente pueden interesar también”. Aunque no se me da bien lo de escribir, y le tengo que dedicar bastante tiempo a cada entrada, me lo he pasado muy bien. Desde un principio pensé en dedicar el blog a comentar las noticias científicas, sobre todo relacionadas con la salud, que los medios de comunicación no contaban bien y que podían crear confusión entre los que buscaban información en ellos. Con el tiempo, ha aparecido otro tipo de entradas en el blog, y algunas de estas son las que más satisfacciones me han dado.

Antes de seguir, quiero agradecer a los que me animaron a escribir en internet: Marisa (@lualnu10) que me abrió su Caja de Ciencia para escribir mi primer post; Álex (@txapulin), que me incitaba a comenzar mi propio blog para contar a un público más amplio los temas sobre los que giraban muchas de las discusiones en Cambridge; y principalmente, a mi novia, que era la que me preguntaba todas las semanas si ya había escrito algo y me aguantaba escribiendo hasta las 2 de la madrugada para poder poner un post cada viernes, durante los primeros meses del blog.  Tras dejar Cambridge y volver a España, el ritmo de publicaciones bajó, ya que ahora tenemos otras cosas en las que pensar más allá de escribir en el blog (yo) y de incitarme a escribir (ella).

¡Trolls no, gracias!

En este primer año he logrado publicar 26 artículos (una media de un artículo cada dos semanas) que han recibido casi 67000 visitas (casi 200 al día) y han generado 388 comentarios. La verdad es que no esperaba llegar a estos números cuando comencé a escribir. En el blog he escrito, entre otras cosas, sobre sexo, drogas, fútbol, religión,  y muchas magufadas pseudocientíficas. Estas últimas son las que han generado más debate, con muchos de los creyentes en las distintas pseudoterapias enfrentando sus “a mí me funciona” contra los datos de los distintos estudios y metaanálisis. Muchas de estas personas son las que me han hecho cambiar la política del blog de comentarios abiertos a comentarios moderados. Aquí se admiten los comentarios con opiniones distintas a la mía, pero lo que no se admiten son los insultos. Por contra, leer en algún comentario que alguien, después de ver el artículo, se lo pensará dos veces antes de someterse a una intervención sin eficacia demostrada, me resulta muy gratificante y me anima a seguir escribiendo para denunciar todos esas supercherías.

También he escrito un artículo en colaboración con Naukas y otro para Hablando de Ciencia y he tenido el privilegio de haber sido elegido para albergar el XVI Carnaval de Biología. Además, con esta pobre experiencia divulgadora hay quien me ha considerado capacitado para participar en unas Jornadas de Investigación y Divulgación y para colaborar en una de las mejores webs de divulgación: MappingIgnorance.

carnaval de biología

Este año en la blogosfera me ha servido para conocer a mucha gente muy interesante, principalmente por twitter, aunque he tenido la suerte de poder encontrarme con algunos de ellos en persona.  Muchos de ellos me han apoyado y ayudado en esta labor divulgadora, y de ellos he aprendido mucho. A todos ellos, que no nombro aquí porque son muchos, les envío mi agradecimiento.

Por último, quiero comentar que la principal satisfacción que me he llevado este año me la dio uno de los artículos que menos visitas ha tenido. No era un artículo en el que se criticara una noticia científica mal contada ni en el que se desmontara ninguna terapia pseudocientífica. En el artículo trataba de explicar una investigación publicada en la revista Nature sobre el síndrome de Rett. El único comentario que recibió ese artículo fue este:

Hola Moisés, soy María, mamá de una niña Rett. Me ha gustado mucho tu publicación, lo has hecho un poco más accesible que la mayoría de estudios que estamos acostumbrados a leer, y como mamás no científicos, nos cuesta mucho entender. Desde aquí te pido tu permiso para hacer referencia de tu publicación en mi blog. Gracias.

Solo por ese comentario, ya me merecía la pena todo un año de escribir en el blog.

Ahora a ver si llego al segundo aniversario.

Moisés García Arencibia

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